Sor Teresa de Calcuta: Yo, la pecadora, la sin Dios

“En mi propia alma, siento un dolor terrible por esta pérdida. Siento que Dios no me quiere, que Dios no es Dios, y que él verdaderamente no existe.”(Sor Teresa de Calcuta, El secreto de la Madre Teresa)

Estas palabras las escribo, después de haber leído un bello articulo de Cristián Warnken, escrito en El Mercurio, sobre el libro póstumo de Sor Teresa de Calcuta, “El secreto de la Madre Teresa”.

Este texto que nos pone frente a la duda existencial, al éxtasis de las palabras de Sor Teresa de Calcuta, la no santa, la humana, la mujer, la experiencia del desamparo espiritual, la conciencia de la muerte, del dolor inmenso de la inmensidad de dolores humanos, puestos en un solo corazón.

Pero acaso lo más hermoso es la forma bella y poética expresión de Cristian para expresar el tópico de la búsqueda, la búsqueda de una verdad profunda, la que persigue al ser humano siempre, y de la cual no hay más armisticio que la muerte.

Me hace recordar algunas palabras de otra magnífica incomprendida, de otra pecadora, de una brillante mujer como Sor Juana Inés de la Cruz, monja, mujer , poeta, hablando en un continente oscuro e inquisidor, también sobre el éxtasis espiritual y la belleza del amor y su sensualidad por allá por el México de 1651.

Leer las palabras y la poesía de Juana Ramírez de Asbaje (Sor Juana Inés de la Cruz), la maltratada, la rebelde recluida, es adentrarse en la mirada extática rebelde y profunda del ser humano mujer, que clama por la incomprensión y el desprecio a su naturaleza dulce, profunda y necesaria, acaso con la misma fuerza y sensibilidad de las palabras de Cristián Warnken, frente a la duda.

La misma duda que quema las entrañas de Prometeo ante el águila feroz, o la duda del Dante, donde acompañado de Virgilio y tomado de la mano de Beatriz Portinari, bajan a su propio infierno interior, a re conocer sus debilidades y sus propias miserias.

Allí esta nuestra propia iglesia abandonada, nuestro propio templo interior, en donde de rodillas buscamos nuestras propias miserias desgarrados por nuestro llanto interior, por nuestra propia soledad, nuestro propio silencio.

¿Cuántos nos preguntamos lo mismo diariamente, o si vale la pena esta vida?. Aún no tenemos la respuesta final, quizá, más allá del dolor y de la muerte, esté la respuesta, o sólo otra parte de la verdad.

El pensamiento es infinito gracias a la “Diazón”, este punto de equilibrio entre el éxtasis espiritual y la razón, con la que enfrentamos la desgarradora conciencia de nuestra finitud, la conciencia de nuestra propia muerte.

Acaso serán estas propias divagaciones las que nos llenan cuando leemos algunas de las reflexiones y dolores de Sor Teresa de Calcuta, o las bellas ideas del artículo de Cristián Warnken, “Madre de todas las dudas” que nos repone la figura femenina, santa y amorosa, la que nos abre un nuevo tiempo, un otro camino espiritual entre tanto non santo varón.

Un comentario a “Sor Teresa de Calcuta: Yo, la pecadora, la sin Dios”

  1. Artemia Sanchez dice:

    La madre Teresa de Calcuta, una persona con una fortaleza interna impresionante un espiritu admirable, en sus obras se refleja su interior ese amor por el projimo tan grande la entrega total a la voluntad de Dios una verdadera testigo de Cristo.

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