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EPSA entregó ayuda a centro "Sor Teresa de Calcuta"


Cuando a diario el mundo nos muestra todos los avances que la Humanidad ha logrado, cuando se habla de un país en desarrollo y cuando muchas veces no valoramos lo que tenemos, existen personas que por distintos motivos quedan marginados de la sociedad, son los sin voz, los sin casa, los sin alimentos que necesitan de una mano generosa, desinteresada y llena de amor que sea capaz de acogerlos y devolverles su dignidad.
Es el caso del Centro “Sor Teresa de Calcuta” del sector de Llolleo, conformado por personas que cada día recibe a un grupo importante de indigentes, brindándoles un almuerzo con mucho amor y entrega.
Josef Michaeli, creador del proyecto, indicó que “en estos momentos estamos con poco dinero, más aún pensando en la realidad de San Antonio donde hay mucha pobreza. El dinero que nos entrega EPSA, es cómo un milagro, ya que nos permitirá estar abastecidos por tres meses o más”, afirma sobre el aporte de la Empresa Portuaria. Dicha donación permitirá “dar almuerzo a diario a la gente de la calle, la gente que no tiene nada (plato de fondo, pan, jugo y postre).
En el Centro atienden entre 18 y 30 personas que llegan habitualmente, “desde niños hasta ancianos, con los que además trabajamos en la medida de lo posible, reinsertándolos a través del trabajo o los estudios”, añade.
En este contexto, la Empresa Portuaria San Antonio decidió colaborar con esta iniciativa como parte de su compromiso con la comunidad local. Según Marcelo Cabello, jefe de Comunicaciones de EPSA, “es un pequeño aporte a una labor tan noble y que nos da una serie de lecciones respecto a lo que significa el respeto hacia nuestro prójimo”, realizando finalmente el ejecutivo un llamado a otras empresas de la provincia a sumarse a éste u otros proyectos que ayudan a terceros, en forma desinteresada.

Megan Fox : LA ACTRIZ SERÁ LA MADRE TERESA DE CALCUTA EN EL CINE


Megan Fox, estrella de la película de acción Transformers, interpretará a la madre Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad, en la comedia How to loose friends and alienate people (Cómo perder amigos y alienar a la gente). La mujer más sexi del mundo, según la revista FHM, tendrá el papel de Sophia Maes, una actriz que encarna a la santa en una película paródica. Las protestas sobre el filme, inspirado en las memorias de Toby Young, no se han hecho esperar, y grupos cristianos planean boicotear el estreno.

Por las mujeres de Calcuta


La ONG donostiarra Calcuta Ondoan abrirá en la India un centro asistencial para mujeres ancianas y discapacitadas en septiembre

Hace nueve años que la ONG donostiarra Calcuta Ondoan edificó y puso en marcha un centro asistencial en la ciudad de Calcuta, en la India, para acoger a personas ancianas y discapacitadas, tanto física como intelectualmente, que vagaban por las calles de la ciudad. Por motivos culturales que impiden que en un mismo centro convivan personas de diferente sexo, en este centro solamente pudieron acoger a hombres.
Dada la necesidad de ofrecer un mismo servicio para las mujeres, desde esta ONG no dudaron en volcar todos sus esfuerzos para lograr un centro de las mismas características para mujeres. Compraron un terreno a las afueras de la ciudad de Calcuta y hace aproximadamente un mes comenzaron con los trabajos de construcción que finalizarán en septiembre. Iñigo Eguren, presidente de la ONG donostiarra, asegura que «lo más difícil de construir, los cimientos del edificio, ya están finalizados. El objetivo era tener esta parte de la edificación terminada antes de la llegada de los monzones».
Por el momento el edificio tendrá una sola planta con capacidad para 40 mujeres. Con el paso del tiempo y una vez puesto en marcha el centro asistencial, se valorará la posibilidad de ampliarlo para poder acoger a más mujeres.
Con personal local
El personal que trabaje en este centro será hindú. Y es que una de las filosofías de Calcuta Ondoan es que en todos los proyectos que se lleven a cabo estén implicadas las personas de la zona. El envío de voluntarios desde Gipuzkoa se realiza tan sólo de forma excepcional y para labores muy específicas.
Eguren asegura que la India es un país que cuenta con todo tipo de profesionales perfectamente capacitados para llevar a cabo todas estas labores. «Es fundamental que sean ellos mismos los que hagan esta labor por aquello que siempre se ha dicho de dar la caña y enseñar a pescar».
Ashabari es el nombre del hogar y centro asistencial para hombres que lleva funcionando ya nueve años en Calcuta y que servirá como modelo para desarrollar el hogar para las mujeres. Desde Calcuta Ondoan reconocen que las personas que se acogen en este tipo de centros «son especiales, vienen de la calle, con la mirada perdida, cubiertos de mucha suciedad y en condiciones infrahumanas. Y lo cierto es que cualquiera no se acerca a ellos, aunque sea difícil y triste admitirlo». La mayoría de los hombres acogidos en Ashabari, además de sufrir el rechazo de la sociedad y de sus propias familias, también padecen patologías mentales.
Eguren afirma que «hemos tenido la suerte de encontrar gente preparada y con una gran sensibilidad para abordar los cuidados de estas personas que, además de necesitar alimentos, higiene y cuidados sanitarios, fundamentalmente requieren de cariño y mucha humanidad». El objetivo del proyecto Ashabari y el del nuevo centro para las mujeres es su reinserción.
A medida que las personas acogidas se van recuperando realizan labores para el mantenimiento del hogar, lo que al mismo tiempo les ayuda en su rehabilitación. Uno de los objetivos de esta ONG es lograr, que tanto el centro asistencial de los hombres que ya está en marcha como el de las mujeres que se inaugurará en septiembre, lleguen a ser autosuficientes.

Calcuta toma el pulso a India

La que otrora fuera icono de miseria y lucha social quiere erigirse en referencia intelectual del país, a caballo entre la huella británica y la apertura al siglo XXI.

Una de las primeras recomendaciones al viajero que quiere aventurarse por primera vez en India, un país que sin duda representa ‘una inmersión en lo absolutamente otro’, como tan certeramente ha descrito la poeta belga Chantal Maillard, es mantener Calcuta en el imaginario. Es decir, dejarla para un próximo viaje, cuando los ojos del visitante ya se hayan acostumbrado, de paso por otros lugares de India menos intensos, al sobrecogimiento que produce tanta diferencia respecto a lo conocido. Este país deja al viajero sin referencias. La que fuera primera capital del Imperio británico reúne, advierten los conocedores, los ingredientes más impactantes de miseria y abandono que Dominique Lapierre plasmó en La Ciudad de la Alegría y que se convirtieron en su icono en Occidente.

Sin embargo, Calcuta ya no se reduce a esta imagen, fruto del traslado de la capital a Nueva Delhi, de la partición en India y Pakistán en 1947, que dejó las tierras prósperas al otro lado de la frontera, y de la horda de refugiados de Bengala Oriental que invadieron la ciudad, erigiéndola en escenario de huelgas continuas y de gente sin trabajo. Lo primero que sorprende es una cierta coherencia urbanística, sobre todo si se compara con Nueva Delhi, donde reina el caos. La huella británica lo inunda todo, incluidos los taxis, con forma de cabs londinenses. Callejuelas atestadas de gente se unen casi en armonía con grandes avenidas de estilo europeo donde reinan imponentes vestigios arquitectónicos de la época colonial.

La mayoría, reunidos en la plaza Dalhousie, hace hoy las veces de sede administrativa del Gobierno. En este barrio burocrático, conocido como BBD Bagh, destaca el Edificio de los Escritores, una curiosa forma de llamar a los oficinistas, ahogados en una pesada burocracia que aún duplica documentos al carbón. Kolkata, como se rebautizó a la ciudad en el año 2000 con el nombre de la aldea que le dio origen, tiene en Maidan un pulmón que la protege de la polución (es una de las ciudades más contaminadas del país) y donde los urbanitas pasan su tiempo de ocio. En este inmenso parque que ocupa el corazón de la ciudad, los estudiantes juegan al cricket vestidos de blanco, en la más pura tradición británica; golpean el balón de fútbol y practican yoga, al que las jóvenes generaciones vuelven tras un periodo de rebeldía fruto de la apertura a los nuevos tiempos que corren, bajo la influencia de Occidente y de sus modos de vida.

En este inmenso parque y en sus inmediaciones, el visitante descubre una agradable sorpresa: en Calcuta se puede pasear, pese al ruido del claxon de los coches y taxis y de los escurridizos rickshaw. La capital de la región de Bengala Occidental es la última testigo de estos carros de tracción humana, que pese a haber sido prohibidos por el presidente de la región, en las filas comunistas, siguen ocupando la ciudad tirados por hombres caballo, como se conoce a estos seres en los huesos, que ocupan lo más bajo de la escala social.

En el extremo meridional del Maidan se levanta un enorme bloque de mármol blanco, el Memorial Victoria, un homenaje a la reina británica homónima, cargado de pinturas, objetos y documentos testigos de la historia cruzada entre India y su colonizador. La colección de objetos que alberga el Memorial Victoria es la mejor muestra del espíritu comercial que empujó al Imperio británico a levantar Calcuta, a través de la poderosa Compañía de las Indias.

El viajero descubre que en Calcuta se puede pasear

El otro gran almacén de relatos históricos es el Museo de India, seguramente el mejor conservado del país, aunque lleno de polvo por falta de fondos. Los amantes de las especies florales disfrutarán en el Jardín Botánico, que alberga una higuera de Bengala de 200 años que posee la segunda copa más grande del mundo, según dicen.

La calle Park adentra al visitante en el violento contraste entre la realidad mísera de muchos habitantes de Calcuta y la ostentación occidental. El lujo y el diseño de estilo europeo copan muchos de los escaparates, que comparten acera con librerías y cafés, muestra de la vitalidad intelectual de la ciudad y del continuo juego de contrastes que ofrece Calcuta. Estos cafés merecen una visita, como el Flury’s, frecuentado por la creciente clase media india y por extranjeros. En la misma calle, el restaurante Peter Cat ofrece las delicias de la cocina bengalí en una atmósfera de extremo cuidado al visitante.

La Calcuta a la que Madre Teresa entregó gran parte de su vida se encuentra al otro lado del puente Howrah, un espectáculo en sí mismo por la afluencia de coches, carros,

transeúntes y rickshaw. Dicen que es el puente más transitado del mundo. Al otro lado seguramente se encuentre una de las poblaciones con mayor miseria del mundo y el motor que empuja a miles de jóvenes occidentales a prestarse como cooperantes cada año. La calle Sudder, en pleno centro de la ciudad, es el territorio de estos jóvenes, jalonado por decenas de pensiones y restaurantes baratos y donde se encuentra el New Market, uno de los pocos lugares para llevarse recuerdos de calidad.

Guía práctica

Cómo ir. Las compañías Air Europa, Indian Airlines, British Airways, Air France, Iberia, Lufthansa y Spanair ofrecen vuelos diarios a Calcuta con escala en Fráncfort, Londres o París, en función de la compañía aérea. El tren es el mejor medio de transporte para realizar viajes en el interior del país. La compañía nacional de ferrocarriles ofrece tres clases. La mayoría de viajeros extranjeros elige 3AC, donde pueden disponer de tren cama y de aire acondicionado. (www.indianrail.gov.in).

Cuándo ir. La mejor temporada del año para viajar a India es de octubre a abril. Julio y agosto son los meses del monzón, cuando se registran altas temperaturas y lluvias permanentes.

Dormir y comer.

Presupuesto alto. Oberoi Grand Hotel Kolkata, 15 Jawaharlal Nehru Road, Kolkata, Calcuta, India. Situado en Chowringhee, el corazón del distrito comercial y de tiendas de Calcuta. Las 213 habitaciones y suites están elegantemente amuebladas con un sinfín de modernos detalles. El restaurante y bar del hotel sirve una gran variedad de especialidades thai e indias. Desde 216 dólares (138 euros). Para aquellos que quieran alejarse del ruido de la ciudad, Tollygunge (www.tollygungeclub.org), a las afueras de Kolkata, ofrece una atmósfera de idílica paz.

Presupuesto medio. Sunflower Ghesthouse, en la calle Royd, 7. Es uno de los hoteles mejor conservados de Kolkata, situado dentro del vetusto edificio Solomon Mansions. Jardín privado en la azotea. Las habitaciones con aire acondicionado cuestan 850 rupias indias, unos 12 euros (aconsejable en los meses de verano). Las habitaciones con ventilador cuestan 600 rupias (9 euros).

Presupuesto bajo. La calle Sudder está repleta de pensiones, la mayoría ocupadas por v

oluntarios europeos y de otras partes del mundo. El precio oscila entre 5 y 15 euros la noche (es recomendable llevar sábanas). Hotel María, situado en medio de un verde patio interior. Entre 250 y 300 rupias (3 euros).

Información general. El idioma oficial es el hindú, aunque el inglés se utiliza a menudo. Todas las personas que visiten la India necesitarán un pasaporte válido durante al menos seis meses y un visado.

Claroscuros de Calcuta

fuck (follar) en la BBC, escribió el libreto de una revista musical, Oh! Calcutta!, pronto convertida en uno de los más grandes éxitos de la escena británica.

Aunque en el collage pergeñado -con bastante gracia- por Tynan había textos de, entre otros, Samuel Beckett y John Lennon, la notoriedad del espectáculo se debió a sus desnudos integrales y constantes, motivo de un escándalo puritano que prosiguió en los primeros años setenta, mientras seguían también las largas colas para comprar sus entradas, casi todas de reventa, en el West End londinense. Nada hindú había en la obra, ni siquiera el título, que, después de leer algunas cábalas retorcidas, el propio Tynan tuvo que explicar: se trataba de un retruécano a partir de un lienzo del pintor surrealista francés Clovis Trouille donde se muestran de modo prominente las nalgas de su modelo, y que Trouille llamó Quel cul t’as (Qué culo tienes).

Oh! Calcutta! no llegó a los teatros de Calcuta, y en la imaginación de los viajeros occidentales que aman la India, la capital bengalí continuó siendo “la ciudad de la noche espantosa”, como la calificó Rudyard Kipling en una serie de artículos periodísticos enviados tras una breve estancia, mientras se alojaba en el Great Eastern Hotel, imponente edificio de gran solera decimonónica cerrado ahora por trabajos de renovación. La dimensión gigantesca y apelmazada de la urbe, su población, calculada en 14 millones dentro de su área metropolitana, pero seguramente incalculable en términos reales, la pobreza de la mayoría, el rastro de las enfermedades, la situaban ya en el siglo XIX, cuando era la capital colonial de los británicos en la India, como uno de los jalones que, al lado de Pekín, “llevan al camino de la revolución mundial”, según el dicho, seguramente apócrifo, de Lenin.

La revolución no ha estallado en Bengala (y ya vimos los efectos letales de la que sí estalló en China), a pesar de su larga tradición reivindicativa y sus conflictos armados, miles de personas duermen al aire libre cada noche en el centro de la ciudad, y el claxon de su cerca de un millón de taxis es la señal acústica de mayor resonancia. Aun así, Calcuta no resulta más densa ni abigarrada ni sucia ni cruda que otras ciudades asiáticas presentes en las rutas turísticas, poseyendo para mi gusto unas hechuras y una atmósfera de gran capital atractiva, inquieta y -a su modo arrollador- cosmopolita. Nunca la llamaría ciudad de la alegría, como Dominique Lapierre en su tópico libro, pero a mí me sedujo desde el primer momento.

Calcuta (hoy rebautizada nacionalmente como Kolkata) fue una completa creación de los británicos, y por ello es la megaciudad de la India donde más destacan el rastro del colonizador y la ausencia de edificios notables anteriores al siglo XVIII, época en que empezó a prosperar, siguiendo los intereses comerciales de la Compañía de las Indias Orientales y los vaivenes políticos del Raj o Gobierno colonial. Al principio sólo había allí tres aldeas (una de ellas, Kalikata, proporcionó el nombre) y un gran río, el Hooghly (Hugli en español), que sigue majestuoso y no muy claro de aguas atravesando la ciudad y dividiéndola en dos mitades, más que separadas, opuestas. La orilla izquierda es la que no se visita, aunque el viajero que llegue en tren es la primera que pisará, y las zonas importantes de la rive droite se extienden todas en torno al gran parque conocido como el Maidan, donde está, camuflado para el viandante al ser hoy de uso gubernamental, el antiguo Fuerte William de las tropas inglesas.

Mirador hacia el río

El Fuerte, los placenteros campos de hierba del parque, llenos los domingos de jugadores nativos de cricket, el grandioso pero relamido Memorial de la Reina Victoria, y una buena parte de la ciudad son, sin embargo, abarcables para quien, pidiendo el preceptivo y asequible permiso, suba a lo alto del monumento a Ochterlony, una columna de 48 metros de altura que ha perdido el nombre del prohombre en cuya memoria la erigieron los ocupantes en 1828, llamándose ahora Minarete de Shahid. Como casi todo en Calcuta, su estilo es occidental, aunque tiene unos motivos turcos y hasta egipcios que lo hacen muy singular. Desde el mirador del minarete hay buenas vistas del río, de la fea catedral neogótica de San Pablo y del céntrico barrio situado entre Chowringhee y Park Street, donde están los centros de ocio, los mejores restaurantes y la mayoría de los hoteles recomendables.

Al noreste del Maidan se halla otra de las zonas más vivas de la ciudad, alrededor de la gran plaza Dalhousie, donde destaca el bonito mamotreto victoriano del Writer’s Building, que, pese a su nombre, no alberga salones literarios ni bibliotecas, sino sedes administrativas del Gobierno bengalí. Andando o en rickshaw (en Calcuta, pese a la prohibición estatal, quedan muchos acarreados a pie por sus conductores), el paseante puede desde allí acercarse a las animadísimas calles lindantes con la universidad (repletas de puestos de venta de libros viejos) y al palacio de Mármol, la joya arquitectónica de la ciudad.

Este palacio, construido en 1835 por un magnate local, Raja Rajendra Mullick, se me antoja como la réplica anglo-india a la fantasía indo-china del Pabellón Real de Brighton, mandado edificar 20 años antes por el príncipe regente de Inglaterra y futuro rey Jorge IV.

Igual de extravagante, aunque menos refinado que el de Brighton (obra, al fin y al cabo, de un gran arquitecto, John Nash), el palacio de Mármol de Calcuta revela el sueño mundano y acaparador de un Ciudadano Kane bengalí que desde adolescente viajó por toda Europa comprando -a veces se diría que al peso- toneladas de objetos artísticos: mesas de lapislázuli, aceros toledanos, espejos rococó, lámparas de Murano y pinturas, infinidad de pinturas, algunas firmadas por Reynolds y Rubens. Todo ese bric-à-brac se amontona en estancias muy imponentes aireadas por patios que siguen el modelo doméstico hindú, y el conjunto formado por la mansión, los jardines y el pequeño zoo se visita sin que perdamos nunca de vista que aquello sigue siendo la residencia de los Mullick.

Los Tagore

Muy cerca del palacio de Mármol merece la pena echar al menos una ojeada a la casa familiar de los Tagore, toda una institución política y cultural muy determinante en el llamado Renacimiento de Bengala. El abuelo de Rabindranath fue el iniciador de lo que podríamos calificar de capitalismo nacionalista ilustrado, pero es evidente que el surco de reforma social y renovación artística (tanto literaria como musical) dejado por el premio Nobel del año 1913 fue duradero, llegando su influjo hasta otra de las grandes figuras de la cultura bengalí del siglo XX, el director de cine y novelista Satyajit Ray. Ray es uno de los grandes cineastas de la historia, si bien conviene señalar que, mucho antes del nacimiento de Bollywood y sus filiales regionales, Calcuta fue centro de producción y escenario de numerosas películas de calidad, no sólo de Ray, sino también de otros muy interesantes directores bengalíes como Mrinal Sen, Buddhadeb Dasgupta o Shyam Benegal. El cine sigue siendo importante en el Estado, y al sur de Chowringhee llama la atención el gran complejo que acoge la escuela de cine y la cinemateca. Por otro lado, Calcuta tiene seguramente el mejor museo de arte del continente, el Museo Indio, destartalado edificio cuya planta baja ofrece una apabullante colección de esculturas de las distintas fases y regiones del país.

Los ingleses abandonaron Calcuta a su suerte en 1911, cuando la capitalidad del Raj fue trasladada a Delhi. De entonces data, según los más nost]
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La crisis y sus circunstancias


QUÉ tendrá que ver el atún con el betún? ¿Y el serrín con el pan rallado? Más o menos lo mismo que tiene que ver el triunfo por los pelos contra los italianos con la arriesgada presunción de haber superado a Italia en renta per cápita. En los tres casos se comete lo que los lógicos llaman la falacia del accidente, es decir, el establecimiento de una comparación sin fundamento o que sencillamente no viene al caso. Para los medios de comunicación oficiales u oficialistas, cualquier disculpa es buena si alivia el bochorno del Gobierno por tener que tragarse —tarde y mal— sus optimistas predicciones económicas y su empeño en negar insistentemente la existencia de una crisis notoria. Por eso, todos a una, han acudido a la metáfora del fútbol para desdibujar los amenazadores contornos de la situación económica.

La crisis es la revancha de la realidad frente una retórica cuya superficialidad e infantilismo se hace cada día más patente. Cuando la balanza se inclina demasiado hacia un lado, no tarda en llegar el contragolpe. Con aparente suavidad, Zapatero ha abusado de la privilegiada posición que tenía ante la opinión pública a lo largo de su primera legislatura. Ha presentado sus ocurrencias como evidencias, y ha girado —imperturbable— 180 grados cuando sus políticas han arrojado un resultado negativo que estaba cantado. Todo, o casi todo, se le consintió. Pero ese cuadrienio de gracia se ha acabado. Las cifras del paro, del coste de la vida y del frenazo económico general están a la vista de todos. Puede suceder incluso que el desorientado PP retome sus responsabilidades como oposición y nos dé alguna sorpresa electoral.

El actual intento de ocultación consiste en tapar la incompetencia en la gestión económica con el radicalismo en cuestiones éticas y religiosas. Es lo que anuncia el PSOE para su próximo congreso. Sus escribidores reeditan manidos ataques a la Iglesia católica con argumentos de una simpleza apabullante.

Apelan al emotivismo en defensa de los más débiles, mientras que se muestran implacables con seres humanos indefensos por encontrarse al comienzo o al final de su vida. Pero también en este caso tropezarán pronto con los límites invulnerables del ethos social. Uno de los tópicos más visitados últimamente consiste en presentar al cristianismo como defensor del sufrimiento. Cuando resulta patente que quienes han gastado su vida en el alivio de los que más sufren han sido las misioneras de la Madre Teresa de Calcuta, mientras que los presuntos progresistas llevan mucho tiempo sin acercarse a un miserable de este mundo.

Tampoco les va a temblar la mano cuando llegue el momento de reenviar a los inmigrantes, despedir a los empleados o congelar el salario de los trabajadores. A la hora de endosar el coste de sus devaneos a los más débiles sí que se atienen al principio de realidad que rige en una sociedad implacable.

A la vista de la extensión de la crisis y de su repercusión en el hambre pura y simple de los marginados, ¿qué van a decir ahora los apologistas de la globalización? Desgraciadamente, teníamos razón los que decíamos, frente al escándalo general, que la mundialización —tal como está planteada— sólo puede conducir a ahondar las diferencias entre los consumistas desaforados y los menesterosos que carecen de lo más imprescindible. En lo referente al endurecimiento del corazón, en eso sí, nos hemos puesto a la altura de los más avanzados, y seguramente hemos sobrepasado a un país como Italia, que tan claramente nos supera en ciencia, cultura y tecnología. ¡Cuánta razón vuelve a tener Ortega al destacar el extremismo morboso de los españoles en la adopción de actitudes que parecen nuevas y son delirantes!

Las crisis son coyunturas propicias para una clarificación que se consigue frecuentemente a un precio demasiado alto. No me cuento entre quienes —con mentalidad revolucionaria o contrarrevolucionaria— proclaman que tanto mejor nos irá cuanto peor nos vaya. Pienso, por el contrario, que el bien sólo se alcanza a través de los bienes. Pero en ocasiones resulta que lo bueno sólo se descubre, con asombro y sorpresa, en una revuelta del camino.

El proceso de canonización de la Madre Teresa está parado por falta de milagros


El padre Brian Kolediejchuk, postulador por la canonización de la Madre Teresa de Calcuta, dijo que este proceso está paralizado, pues «no se ha encontrado todavía la evidencia de que la Madre Teresa haya realizado un milagro». El padre Brian, recopilador de Ven, se mi luz (Planeta), un volumen que recoge una selección de cartas que escribió la santa de Calcuta durante sus crisis religiosas, precisó que más que de crisis habría que hablar de prueba de fe.

«La Madre Teresa sintió un profundo amor por Jesús y entregó su vida a amar Dios, pero en un determinado momento notó un vacío, sintió una enorme soledad, aunque salió de este oscuro túnel con coraje y afán de superación». Esto explicó el padre Brian. Las palabras que dejó escritas la Madre Teresa son, sin embargo, más explícitas: «Siento que Dios no me quiere, que Dios no es Dios y que él verdaderamente no existe». Y en otro lado:«¿Dónde está mi fe? Incluso aquí, en lo más profundo, no hay nada, sino vacío y oscuridad. Si alguna vez me convierto en santa seré seguramente una santa de la oscuridad».

Once años después de su muerte sale a la luz en castellano la correspondencia que mantuvo durante más de sesenta años con un reducido círculo de amigos y confidentes. En ellas expresa sus dudas sobre la existencia de Dios, sobre la religión y sobre su cometido en la vida.

La Madre Teresa de Calcuta llegó “a amar la oscuridad”


El postulador para la Causa de beatificación de Madre Teresa, padre Brian Kolodiejchuk, M.C., presentó este miércoles en Madrid el libro “Ven sé mi luz. Las cartas privadas de ‘la santa de Calcuta’” (Planeta-Testimonio).

La correspondencia privada de Madre Teresa permite reconstruir “el lado más espiritual” y menos conocido del trabajo que hizo famosa a esta humilde albanesa, según explicó el postulador de su causa, que pudo acceder a las cartas que ahora se publican al iniciarse su proceso de beatificación.

Una de las sorpresas que deparaba esta documentación permanecía oculta a la mayoría de las personas tras la sonrisa permanente de Madre Teresa, y fue sin embargo esencial en su vocación. Se trata de la oscuridad interior que experimentó sobre todo a partir de los años 60, pero que comenzó a sentir mucho antes, alrededor de 1937, cuando era todavía misionera de Loreto, antes de fundar su propia Congregación (Misioneras de la Caridad).

Sin embargo, Madre Teresa pudo armonizar la “alegría por hacer día tras día lo que Dios le pedía” con el “desconsuelo y la soledad”. Según el padre Kolodiejchuk, “sonreír” fue su elección. En una de sus cartas, Madre Teresa escribe: “cuando veo a alguien triste, pienso siempre que le está negando algo a Jesús”.

Además, la religiosa llegó a “amar la oscuridad”, como confiesa en una carta al padre Neuner: “Por primera vez en estos once años-he llegado a amar la oscuridad.-Pues ahora creo que es una parte, una muy, muy pequeña parte de la oscuridad y del dolor de Jesús en la tierra. Usted me ha enseñado a aceptarla como un “lado espiritual de “su obra”" (…) Hoy sentí realmente una profunda alegría-porque Jesús ya no puede sufrir de nuevo la agonía-sino que Él quiere sufrirla en mí-Más que nunca me entrego a Él.-Sí- más que nunca estaré a su disposición”.

El padre Kolodiejchuk confesó que tuvo que leer “varias veces las cartas” hasta entender de qué se trataba verdaderamente su “oscuridad”; incluso muchas hermanas que convivían cerca de ella, “no tenían ni idea de lo que pasaba en su interior”.

Al ver la ingente obra que Madre Teresa realizó (sobre todo después de su “inspiración” en 1946, cuando recibe “la llamada dentro de la llamada” para trabajar entre los más pobres de los pobres) lo más fácil es pensar que lo hacía apoyada en el consuelo que experimentaba en Dios. Sin embargo, según el postulador de su causa, lo que hizo “heroica” su vida, fue precisamente la fidelidad a Dios a pesar de esta falta de consuelo.

Para Madre Teresa, “la pobreza más grande en el mundo de hoy” era “no sentirse amado”, por eso comprendió que experimentar el abandono de su Amado como algo real, le acercaba a sus pobres y la identificaba con el sufrimiento de Jesucristo en el Huerto de Getsemaní y en la Cruz, cuando pregunta al Padre: “¿Por qué me has abandonado?”

Según el padre Kolodiejchuk, la experiencia de Madre Teresa es similar a la de otros santos y más que “crisis” de fe (que hace referencia a algo “más existencial e intelectual”), lo que atravesó la Madre fue una “prueba de fe” hasta alcanzar, como dijo uno de sus confesores, “una fe pura y desnuda, sin sentir nada”.

Además, el postulador de la Causa de Madre Teresa ve en esta actitud un ejemplo para los creyentes, que deben saber que “la fe no siempre es fácil” y “tenemos que luchar”.

A pesar del deseo de Madre Teresa de que sus escritos fueran destruidos, finalmente han visto la luz, porque la Iglesia considera que aunque se trató de una experiencia “personal”, no ha sido una experiencia “privada”, porque no fue sólo para ella. Los Misioneros y Misioneras de la Caridad heredaron el “carisma” de Madre Teresa, que consiste no sólo en compartir la pobreza material, sino también “la espiritual”.

El postulador de la Causa de beatificación de la religiosa concluyó que el amor que vivió Madre Teresa no es sólo “para admirar”, sino que “es posible imitarlo empezando a nuestro alrededor”.