Calcuta toma el pulso a India

La que otrora fuera icono de miseria y lucha social quiere erigirse en referencia intelectual del país, a caballo entre la huella británica y la apertura al siglo XXI.

Una de las primeras recomendaciones al viajero que quiere aventurarse por primera vez en India, un país que sin duda representa ‘una inmersión en lo absolutamente otro’, como tan certeramente ha descrito la poeta belga Chantal Maillard, es mantener Calcuta en el imaginario. Es decir, dejarla para un próximo viaje, cuando los ojos del visitante ya se hayan acostumbrado, de paso por otros lugares de India menos intensos, al sobrecogimiento que produce tanta diferencia respecto a lo conocido. Este país deja al viajero sin referencias. La que fuera primera capital del Imperio británico reúne, advierten los conocedores, los ingredientes más impactantes de miseria y abandono que Dominique Lapierre plasmó en La Ciudad de la Alegría y que se convirtieron en su icono en Occidente.

Sin embargo, Calcuta ya no se reduce a esta imagen, fruto del traslado de la capital a Nueva Delhi, de la partición en India y Pakistán en 1947, que dejó las tierras prósperas al otro lado de la frontera, y de la horda de refugiados de Bengala Oriental que invadieron la ciudad, erigiéndola en escenario de huelgas continuas y de gente sin trabajo. Lo primero que sorprende es una cierta coherencia urbanística, sobre todo si se compara con Nueva Delhi, donde reina el caos. La huella británica lo inunda todo, incluidos los taxis, con forma de cabs londinenses. Callejuelas atestadas de gente se unen casi en armonía con grandes avenidas de estilo europeo donde reinan imponentes vestigios arquitectónicos de la época colonial.

La mayoría, reunidos en la plaza Dalhousie, hace hoy las veces de sede administrativa del Gobierno. En este barrio burocrático, conocido como BBD Bagh, destaca el Edificio de los Escritores, una curiosa forma de llamar a los oficinistas, ahogados en una pesada burocracia que aún duplica documentos al carbón. Kolkata, como se rebautizó a la ciudad en el año 2000 con el nombre de la aldea que le dio origen, tiene en Maidan un pulmón que la protege de la polución (es una de las ciudades más contaminadas del país) y donde los urbanitas pasan su tiempo de ocio. En este inmenso parque que ocupa el corazón de la ciudad, los estudiantes juegan al cricket vestidos de blanco, en la más pura tradición británica; golpean el balón de fútbol y practican yoga, al que las jóvenes generaciones vuelven tras un periodo de rebeldía fruto de la apertura a los nuevos tiempos que corren, bajo la influencia de Occidente y de sus modos de vida.

En este inmenso parque y en sus inmediaciones, el visitante descubre una agradable sorpresa: en Calcuta se puede pasear, pese al ruido del claxon de los coches y taxis y de los escurridizos rickshaw. La capital de la región de Bengala Occidental es la última testigo de estos carros de tracción humana, que pese a haber sido prohibidos por el presidente de la región, en las filas comunistas, siguen ocupando la ciudad tirados por hombres caballo, como se conoce a estos seres en los huesos, que ocupan lo más bajo de la escala social.

En el extremo meridional del Maidan se levanta un enorme bloque de mármol blanco, el Memorial Victoria, un homenaje a la reina británica homónima, cargado de pinturas, objetos y documentos testigos de la historia cruzada entre India y su colonizador. La colección de objetos que alberga el Memorial Victoria es la mejor muestra del espíritu comercial que empujó al Imperio británico a levantar Calcuta, a través de la poderosa Compañía de las Indias.

El viajero descubre que en Calcuta se puede pasear

El otro gran almacén de relatos históricos es el Museo de India, seguramente el mejor conservado del país, aunque lleno de polvo por falta de fondos. Los amantes de las especies florales disfrutarán en el Jardín Botánico, que alberga una higuera de Bengala de 200 años que posee la segunda copa más grande del mundo, según dicen.

La calle Park adentra al visitante en el violento contraste entre la realidad mísera de muchos habitantes de Calcuta y la ostentación occidental. El lujo y el diseño de estilo europeo copan muchos de los escaparates, que comparten acera con librerías y cafés, muestra de la vitalidad intelectual de la ciudad y del continuo juego de contrastes que ofrece Calcuta. Estos cafés merecen una visita, como el Flury’s, frecuentado por la creciente clase media india y por extranjeros. En la misma calle, el restaurante Peter Cat ofrece las delicias de la cocina bengalí en una atmósfera de extremo cuidado al visitante.

La Calcuta a la que Madre Teresa entregó gran parte de su vida se encuentra al otro lado del puente Howrah, un espectáculo en sí mismo por la afluencia de coches, carros,

transeúntes y rickshaw. Dicen que es el puente más transitado del mundo. Al otro lado seguramente se encuentre una de las poblaciones con mayor miseria del mundo y el motor que empuja a miles de jóvenes occidentales a prestarse como cooperantes cada año. La calle Sudder, en pleno centro de la ciudad, es el territorio de estos jóvenes, jalonado por decenas de pensiones y restaurantes baratos y donde se encuentra el New Market, uno de los pocos lugares para llevarse recuerdos de calidad.

Guía práctica

Cómo ir. Las compañías Air Europa, Indian Airlines, British Airways, Air France, Iberia, Lufthansa y Spanair ofrecen vuelos diarios a Calcuta con escala en Fráncfort, Londres o París, en función de la compañía aérea. El tren es el mejor medio de transporte para realizar viajes en el interior del país. La compañía nacional de ferrocarriles ofrece tres clases. La mayoría de viajeros extranjeros elige 3AC, donde pueden disponer de tren cama y de aire acondicionado. (www.indianrail.gov.in).

Cuándo ir. La mejor temporada del año para viajar a India es de octubre a abril. Julio y agosto son los meses del monzón, cuando se registran altas temperaturas y lluvias permanentes.

Dormir y comer.

Presupuesto alto. Oberoi Grand Hotel Kolkata, 15 Jawaharlal Nehru Road, Kolkata, Calcuta, India. Situado en Chowringhee, el corazón del distrito comercial y de tiendas de Calcuta. Las 213 habitaciones y suites están elegantemente amuebladas con un sinfín de modernos detalles. El restaurante y bar del hotel sirve una gran variedad de especialidades thai e indias. Desde 216 dólares (138 euros). Para aquellos que quieran alejarse del ruido de la ciudad, Tollygunge (www.tollygungeclub.org), a las afueras de Kolkata, ofrece una atmósfera de idílica paz.

Presupuesto medio. Sunflower Ghesthouse, en la calle Royd, 7. Es uno de los hoteles mejor conservados de Kolkata, situado dentro del vetusto edificio Solomon Mansions. Jardín privado en la azotea. Las habitaciones con aire acondicionado cuestan 850 rupias indias, unos 12 euros (aconsejable en los meses de verano). Las habitaciones con ventilador cuestan 600 rupias (9 euros).

Presupuesto bajo. La calle Sudder está repleta de pensiones, la mayoría ocupadas por v

oluntarios europeos y de otras partes del mundo. El precio oscila entre 5 y 15 euros la noche (es recomendable llevar sábanas). Hotel María, situado en medio de un verde patio interior. Entre 250 y 300 rupias (3 euros).

Información general. El idioma oficial es el hindú, aunque el inglés se utiliza a menudo. Todas las personas que visiten la India necesitarán un pasaporte válido durante al menos seis meses y un visado.

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