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El proceso de canonización de la Madre Teresa está parado por falta de milagros

El padre Brian Kolediejchuk, postulador por la canonización de la Madre Teresa de Calcuta, dijo que este proceso está paralizado, pues «no se ha encontrado todavía la evidencia de que la Madre Teresa haya realizado un milagro». El padre Brian, recopilador de Ven, se mi luz (Planeta), un volumen que recoge una selección de cartas que escribió la santa de Calcuta durante sus crisis religiosas, precisó que más que de crisis habría que hablar de prueba de fe.

«La Madre Teresa sintió un profundo amor por Jesús y entregó su vida a amar Dios, pero en un determinado momento notó un vacío, sintió una enorme soledad, aunque salió de este oscuro túnel con coraje y afán de superación». Esto explicó el padre Brian. Las palabras que dejó escritas la Madre Teresa son, sin embargo, más explícitas: «Siento que Dios no me quiere, que Dios no es Dios y que él verdaderamente no existe». Y en otro lado:«¿Dónde está mi fe? Incluso aquí, en lo más profundo, no hay nada, sino vacío y oscuridad. Si alguna vez me convierto en santa seré seguramente una santa de la oscuridad».

Once años después de su muerte sale a la luz en castellano la correspondencia que mantuvo durante más de sesenta años con un reducido círculo de amigos y confidentes. En ellas expresa sus dudas sobre la existencia de Dios, sobre la religión y sobre su cometido en la vida.

La Madre Teresa de Calcuta llegó “a amar la oscuridad”

El postulador para la Causa de beatificación de Madre Teresa, padre Brian Kolodiejchuk, M.C., presentó este miércoles en Madrid el libro “Ven sé mi luz. Las cartas privadas de ‘la santa de Calcuta’” (Planeta-Testimonio).

La correspondencia privada de Madre Teresa permite reconstruir “el lado más espiritual” y menos conocido del trabajo que hizo famosa a esta humilde albanesa, según explicó el postulador de su causa, que pudo acceder a las cartas que ahora se publican al iniciarse su proceso de beatificación.

Una de las sorpresas que deparaba esta documentación permanecía oculta a la mayoría de las personas tras la sonrisa permanente de Madre Teresa, y fue sin embargo esencial en su vocación. Se trata de la oscuridad interior que experimentó sobre todo a partir de los años 60, pero que comenzó a sentir mucho antes, alrededor de 1937, cuando era todavía misionera de Loreto, antes de fundar su propia Congregación (Misioneras de la Caridad).

Sin embargo, Madre Teresa pudo armonizar la “alegría por hacer día tras día lo que Dios le pedía” con el “desconsuelo y la soledad”. Según el padre Kolodiejchuk, “sonreír” fue su elección. En una de sus cartas, Madre Teresa escribe: “cuando veo a alguien triste, pienso siempre que le está negando algo a Jesús”.

Además, la religiosa llegó a “amar la oscuridad”, como confiesa en una carta al padre Neuner: “Por primera vez en estos once años-he llegado a amar la oscuridad.-Pues ahora creo que es una parte, una muy, muy pequeña parte de la oscuridad y del dolor de Jesús en la tierra. Usted me ha enseñado a aceptarla como un “lado espiritual de “su obra”" (…) Hoy sentí realmente una profunda alegría-porque Jesús ya no puede sufrir de nuevo la agonía-sino que Él quiere sufrirla en mí-Más que nunca me entrego a Él.-Sí- más que nunca estaré a su disposición”.

El padre Kolodiejchuk confesó que tuvo que leer “varias veces las cartas” hasta entender de qué se trataba verdaderamente su “oscuridad”; incluso muchas hermanas que convivían cerca de ella, “no tenían ni idea de lo que pasaba en su interior”.

Al ver la ingente obra que Madre Teresa realizó (sobre todo después de su “inspiración” en 1946, cuando recibe “la llamada dentro de la llamada” para trabajar entre los más pobres de los pobres) lo más fácil es pensar que lo hacía apoyada en el consuelo que experimentaba en Dios. Sin embargo, según el postulador de su causa, lo que hizo “heroica” su vida, fue precisamente la fidelidad a Dios a pesar de esta falta de consuelo.

Para Madre Teresa, “la pobreza más grande en el mundo de hoy” era “no sentirse amado”, por eso comprendió que experimentar el abandono de su Amado como algo real, le acercaba a sus pobres y la identificaba con el sufrimiento de Jesucristo en el Huerto de Getsemaní y en la Cruz, cuando pregunta al Padre: “¿Por qué me has abandonado?”

Según el padre Kolodiejchuk, la experiencia de Madre Teresa es similar a la de otros santos y más que “crisis” de fe (que hace referencia a algo “más existencial e intelectual”), lo que atravesó la Madre fue una “prueba de fe” hasta alcanzar, como dijo uno de sus confesores, “una fe pura y desnuda, sin sentir nada”.

Además, el postulador de la Causa de Madre Teresa ve en esta actitud un ejemplo para los creyentes, que deben saber que “la fe no siempre es fácil” y “tenemos que luchar”.

A pesar del deseo de Madre Teresa de que sus escritos fueran destruidos, finalmente han visto la luz, porque la Iglesia considera que aunque se trató de una experiencia “personal”, no ha sido una experiencia “privada”, porque no fue sólo para ella. Los Misioneros y Misioneras de la Caridad heredaron el “carisma” de Madre Teresa, que consiste no sólo en compartir la pobreza material, sino también “la espiritual”.

El postulador de la Causa de beatificación de la religiosa concluyó que el amor que vivió Madre Teresa no es sólo “para admirar”, sino que “es posible imitarlo empezando a nuestro alrededor”.

Los milagros de Teresa de Calcuta

Dicen que el proceso canonización para declarar santa a Teresa de Calcuta, madre, hermana, mujer, monja, gran persona, excelencia de bondad, exponente de solidaridad, amiga, ejemplo de humanidad y de solidaridad , dicen, digo, está parado, detenido, en una encrucijada, en un camino marcado por las dudas, o, más bien, por las ausencias, en este caso de milagros.

No termino de entenderlo. Hablamos de una persona que puso en marcha un movimiento, ahora más vivo que nunca, de entrega a los demás. Sus «hermanas» están por todo el mundo y haciendo las labores que nadie quiere hacer. Están, como reza el Evangelio, con los «últimos». Yo las he visto en Colombia y en otros países, y deben creerme si les digo que se ponen los pelos de punta de contemplar un quehacer que, en ellas, sabe a dulzura, a razones, a posibilidades.

Teresa de Calcuta fue un ejemplo en vida, un ejemplo de vida, y lo es incluso hoy en día, más presente que nunca gracias a un modelo que se ha de fomentar a toda costa, si queremos que el ser humano sea tal, si queremos que sobreviva. No digamos que eso no es un milagro.

El cuerpo frágil de Teresa contrastaba con la entereza y la fortaleza de su ánimo, siempre presto a compartir una sonrisa, un corazón a la escucha. Parecía que no iba a llegar a ninguna parte desde su Albania natal, y llegó a donde pocos, a los corazones de un mundo, de una Tierra sedienta de ejemplos de esta índole. Eso es otro milagro.

También fueron milagros todas las vidas que salvó, miles, millones, y las que sigue salvando. Y son milagrosas las sensaciones de paz y de concordia que nos expresó, que nos regaló durante todos los días de su existencia.

No sé por qué, pero me recuerda esta situación de «contrastes» a cuando, según cuenta el Evangelio también, Jesús llegó a Belén, su localidad natal. Todos se dijeron que, si había hecho milagros en otros lugares, allí sería el «no va más». Jesús, al menos que se nos cuente, no hizo milagros en Belén. Si nos consta que afirmó algo así: «Me pedís milagros, paisanos míos, y no veis en mí el gran milagro». En fin

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